13 dic. 2015

Lithium por Luis F. López Silva

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Llevaba un rato trabajando en esto y ya que esta terminado se los comparto. Sé que tenia un buen rato de no pasarme por acá, pero es que queria en serio terminar esto para ustedes. Espero les guste.
¡El cuarto libro de la serie Obscuridad! ¡¡LITHIUM!!
Feliz lectura!




https://sashadiariodeunchicoadolescente.files.wordpress.com/2015/07/lithium.jpg 

SINOPSIS:

Hay tres cosas en este mundo que son realmente peligrosas:
El ser humano, el miedo y el amor.
El primero de ellos es un contenedor, lleno de emociones, de diversidades infinitas y con infiernos individuales.
El segundo es una emoción, contenida dentro del primero, como un demonio que suele ganar a menudo por sobre nuestra conciencia.
El tercero es un arma letal, que mata con más facilidad estando a distancia.
Combinados transmutan lo bueno en malo, la luz en obscuridad y el olvido en algo tan asfixiante como el abandono.
Son los ingredientes para obtener LITHIUM.
Una droga que a pesar de todo, puede demostrarte que la obscuridad también es buena.
¿Te atreves a crearla?

Descarga: Lithium

Encuentralo tambien en:
https://www.goodreads.com/book/show/25807791-lithium 

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1 ago. 2014

Dopamina-Luis F. López Silva

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Lectores Sonrisa ya casi finalizo la serie “Oscuridad” que por cierto, comenzó con Aether, siguió con Valium y en este día le toca ver la luz a Dopamina n.n Espero les guste, y como siempre, sus comentarios serán bienvenidos. Recuerden que también está en Goodreads, así que si se pueden dar una pasada por el sitio y dejarme una puntuación o reseña (o ambas cosas) se los agradeceré infinitamente.

Pues bueno… aquí está: Dopamina

Dopaminaimage

Descarga gratis:

http://www.mediafire.com/view/uwi325bgd457f67/Dopamina.pdf

Goodreads: https://www.goodreads.com/book/show/22797292-dopamina

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1 abr. 2014

Valium-Luis F. López Silva.

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¡Siento el abandono amigos! ¡Dios! Es que ya tenía un largo rato de no dar señales de vida D: . La universidad no me daba respiro v.v pero ya me tienen aquí de regreso. He pensado mucho en ustedes, así que en mis ratitos libres he podido construirles un pequeño libro. Espero sea de su agrado. Sus comentarios serán bienvenidos n.n

Por cierto, el domingo les regreso Sasha ^o^

Valium portada

image

DESCARGA GRATIS: http://www.mediafire.com/download/sf56tpxjudyekeh/Valium.pdf

Búscalo en Goodreads: https://www.goodreads.com/book/show/21806601-valium

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2 nov. 2013

“æthēr” por Luis F. López Silva

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Halo! *3* Bien, primero que nada, feliz sábado queridos lectores :3 ya falta poquito para que sea domingo y poderles publicar el capitulo 52 de Sasha. Pero bueno, ésta publicación tiene otro fin, y es presentarles uno de mis mas recientes libros. Es una antología corta titulada æthēr . Espero pueda gustarles y les agradecería infinitamente sus comentarios. Aquí les dejo la info ^u^ ¡y recuerden que pueden buscar y puntuar y comentar mis libros en Goodreads! Se los agradecería infinitamente *u*

Titulo: æthēr

Autor: Luis F. López Silva.

aether portadaimage

Descargar: æthēr

Búscame en Goodreads: https://www.goodreads.com/author/show/6884592.Luis_F_L_pez_Silva

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7 oct. 2013

Kassfinol-Trilogía de la Invocación: Entre el cielo y la tierra.

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Holi!! :3 awwn, tenia un buen pero buen tiempo de no pasarme por acá :s lo siento, el blog estaba abandonado y realmente no me explico como es que pude llegar hasta esto. Pero saben, retomaré las viejas andadas en las publicaciones :) es por eso que este día les traigo una noticia muy importante. *3* Una muy buena amiga publica su segundo libro en los portales de Amazon para su compra y bueno, es que es uno de esos libros que no pueden dejar pasar. Créanme, he tenido la oportunidad de leer a Kassfinol y es en todo sentido, una excelente escritora.

Aqui les dejo la info para que puedan descargar su segundo libro titulado "Entre el cielo y la tierra".

Libro 2: Entre el Cielo y la tierra (Sinopsis)




El pasado de Sofía será removido, al tener enfrente al hombre que la enamoró hace años. No obstante tendrá que aceptar que nada en la vida es lo que parece, ella se verá envuelta en el lugar que menos espera, se dará cuenta que el destino que le preparó su adorada Alondra, no será el más indicado, ya que la bruja la unió a uno de los seres que más detesta y a los que más recelo les tiene… un ángel.

¿DONDE COMPRAR? 



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Si deseas el libro 1 de esta Trilogía te invito a estos portales:
Libro 1: Entre el Infierno y la tierra :


Una misteriosa, alocada e intrigante historia donde una bruja llamada Alondra, desata el mayor de los desastres amorosos sobre la vida de Angineé.
Angi creerá tomar una decisión sobre su futuro sin saber que ya todo estaba previsto. Nadie puede cambiar lo que el destino le depara menos cuando has hecho un pacto de vida con una bruja sin saberlo.
Una historia de romance, intriga y pasiones desbordantes, donde los personajes experimentarán que muchos momentos de su vida no fueron elegidos por ellos mismos. Si no por alguien más.

¿DONDE COMPRAR?

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20 ene. 2013

Capítulo 35: Dolor, sinónimo de tristeza.

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little house

Algunas veces he llegado a creer que le resto importancia a muchas cosas, sin embargo la mayoría del tiempo simplemente suelo mirar hacia otro lado cuando las cosas duelen más de lo que puedo soportar. Soy un cobarde, lo sé, pero es muy doloroso para mí el hecho de aceptar que la persona que está en ese ataúd es Cori. Es difícil incluso concebir la idea de que lo que más amaba en este mundo ya no va a regresar. Duele, en cada centímetro de mi alma. Siento como todo mi cuerpo se estruja en un recuerdo doloroso que no me da espacio para poder recuperarme, ni tan siquiera un respiro. El amor duele, y lo estoy comprobando de la manera más cruel que conozco.

Antes de llegar a casa, guardo mi diario en el bolsillo del suéter de Cori que traigo entre mis manos. Ahora este cuaderno, de empastado duro y paginas amarillentas se ha vuelto parte de mi… se ha vuelto alguien que me deja contarle todo lo que siento, sin reprocharme nada. Siempre lo cargo conmigo, siempre que lo necesito.

Entro apresuradamente a mi casa, evitando a toda costa toparme con alguien camino a mi habitación pero es casi imposible. Al solo cruzar la puerta me encuentro con André, sentado al pie de la escalera, mirándome fijamente sin apartar su vista. Sus ojos inquisitivos y preocupados me examinan en silencio mientras yo trato de esquivarlos. Sé que me va a preguntar algo, sé que tiene deseos de saber que me pasa exactamente, sé que sea lo que sea que me vaya a preguntar, me va a doler. Mientras él me mira sin decir ni una sola palabra, yo me quedo parado sin mover ni un solo músculo y cabizbajo. Pareciera que nos vamos a quedar en este silencio tan pesado y denso que sin que él pueda notarlo me esta asfixiando, pero cuando menos me lo espero algo hace que me exalte hasta el punto de sentirme débil. Kathy.

Siento su cuerpo hundirse en el mío en un abrazo fuerte y sin darme espacio para poder premeditarlo. Sus brazos me envuelven hasta rodearme completamente mientras solloza sin poder contenerse. Es entonces que me percato que este abrazo no ha sido para consolarme, no ha sido para decirme que todo estará bien ni tampoco para recodarme que me apoya, sino más bien es para buscar algo en que pueda ella sostenerse. Es Kathy quien necesita palabras de aliento... ella también se está viniendo abajo.

—Calma—le susurro al oído—. Pronto... pasará el dolor.

De mi boca salen palabras que curiosamente he estado esperando que me digan, palabras que necesito se graben a fuego en mi conciencia para que todo este dolor y angustia que reprimo desaparezcan sin necesidad de salir.

—Me preocupé, Sasha—musita Kathy.

—No ha sido la única persona preocupada en esta casa—advierte André que se ha puesto de pie—. ¿En dónde diablos estabas?

—Salí a caminar.

—¿Que saliste a caminar?—masculla con tono efusivo—. ¿¡No pudiste habérnoslo dicho por lo menos!?—esta vez su tono de voz es bastante grave y suena molesto.

—Lo siento, yo no pensé que...

—¡Pues comienza a pensar de una buena y jodida vez!—espeta con enojo—. ¡Estábamos preocupados, maldición! Ya eres un adulto Sasha, deberías de saber que tienes responsabilidades. No eres el único que está pasando por un mal momento. Y además ¿Qué es esa sangre en el piso de tu habitación?

Las palabras de André me dan como una bofetada en el rostro, tan severas pero a la vez tan ciertas. Él tiene razón, él está en todo el derecho de regañarme y decirme que algo estoy haciendo mal... todo porque sé que estoy siendo muy egoísta y a pesar de ello no me detengo. Pero también comprendo a la perfección que mi dolor y sufrimiento son solo míos, y no le corresponden a nadie más cargarlos. Estoy tomándome un espacio para descargar mi rabia descomunal, un espacio que no es del todo mío, sino de las personas que se preocupan por mí y que me aman, y todo porque sin darme cuenta he destrozado mi propio espacio hasta hacerlo añicos y ahora ya no queda nada más que destruir. Necesito detenerme, debo detenerme, todo antes de que alguien salga lastimado.

—Me lastimé por accidente—musito sin poder mirar a André a los ojos—. Tendré más cuidado la próxima…

—Ve y toma una ducha—me dice con un tono de voz inmutable.

—En serio, perdón, no quería…

—Sube de una buena vez, y toma una maldita ducha—ladra con enfado.

Bajo mi cabeza, con cierto dejo de sorpresa y vergüenza. Incluso Kathy se ha quedado inmóvil, a mi lado, sin saber que hacer o decir en estos momentos. Ya no puedo permanecer más tiempo aquí.

Subo camino a mi habitación para ducharme. No tengo muchos ánimos como para hacerlo, pero André más que una sugerencia me lo ha ordenado. Verlo actuar de esa manera solo me hace recordar cuan inmaduro soy aun, cuanto me falta por aprender y que me hace falta demasiado para dejar de ser un niño. Un niño muy idiota.

Entro a mi cuarto y puedo notar que las cosas tiradas por el piso han sido ordenadas. Los vidrios rotos y papeles picados han desaparecido y la ropa ahora está doblada y metida en los cajones que también han regresado a sus respectivos lugares y solo unas cuantas camisas están dobladas sobre mi cama.

Karla tampoco está aquí…

El piso claramente tiene marcas de sangre en forma de pisadas y gotas que se esparcen por toda la alfombra. Seguramente han sido de las heridas que tengo en los pies y en las palmas de mis manos. Siento algo tibio bajar entre mis dedos y es entonces que me doy cuenta que aún estoy sangrando, y mucho. El ardor no tarda en recordarme que debo curar ésta herida o se infectará. Tiro mi móvil y el suéter—que he cuidado que no se manche de sangre—en la cama, cojo una toalla y me meto a la ducha sin hacer tanto alboroto. Me quito mis zapatos y puedo notar como estos están manchados también de un tono rojizo. Mis pies están llenos de sangre y en mis tobillos se ha formado una costra seca de esta.

Duele.

Cojo de una repisa en el lavabo un frasco con alcohol, me meto a la tina y me siento con las piernas encogidas en un rincón. Dejo caer el agua de la regadera para que me empape sin tan siquiera detenerme a pensar que aun llevo puesta mi ropa. Destapo el alcohol y su olor tan volátil hace que me pique la nariz y que un sabor amargo me inunde la boca.

Vierto el contenido en las palmas de mis manos y las enjuago en el antiséptico hasta que el ardor es insoportable y tengo que ahogar un grito de dolor. Sin pensarlo dos veces vuelvo a coger el alcohol y lo vierto en mis pies hasta que el líquido penetra en mi carne y la hace escocer y retorcerme de un agudo dolor.

Es una excusa perfecta para seguir llorando. Es un desencadenante necesario para poder seguir sacando esta rabia que llevo dentro… y sin embargo no es suficiente. La sangre sigue brotando de mis heridas y el agua comienza a teñirse de rojo, mi camisa está llena de sangre, mi pantalón lo está, mi rostro, incluso mi cabello… todo manchado de un rojo obscuro que poco a poco se destiñe por el agua de la regadera.

La puerta del baño se abre lentamente y escucho a alguien entrar despacio y con cautela. No me importa, no levanto mi mirada para saber de quién se trata ni tampoco me interesa saberlo. Prefiero quedarme en esta posición, hecho un ovillo y sentado en este rincón de la tina.

—¿Sasha?—una voz suave me llama, pero no me digno a levantar mi rostro—.

Es André.

Él cierra la llave de la ducha y el agua deja de caer. El silencio rápidamente se apodera del lugar, sofocándonos. Las imágenes de Cori vienen a mi mente una y otra vez; sus ojos verdes, su sonrisa, sus manos… su cuerpo convulsionando y muriendo lentamente hasta que dejó de vivir… su ataúd.

André pasa sus manos sobre mi espalda y saca mi camisa, pone el tapón de hule en el desagüe y abre la llave para que el agua tibia llene la tina. Unos minutos después el agua ya me cubre hasta un poco arriba del ombligo y puedo sentir como la temperatura del agua cesa el ardor y dolor de mis heridas.

—Aséate—musita—. Volveré a entrar en diez minutos.

André sale del cuarto de baño, quedándome nuevamente solo, mirando a un vacío inexistente. Esto no está bien—pienso para mis adentros—. Yo… se lo prometí.

Lentamente desabrocho mi pantalón y me termino de sacar la ropa restante quedando totalmente desnudo. Despacio, y sin prisa ni motivación alguna comienzo a sacarme toda esa sangre que se ha quedado pegada a mi piel. Lavo con cuidado mis pies y mis manos para no lastimarles más de lo que ya están. El jabón hace que las heridas ardan un poco pero cuando las enjuago rápidamente pasa el dolor.

Una vez he terminado, quito el tapón de hule y el agua desaparece por el agujero hasta perderse. Seco mi cuerpo con la toalla y justo cuando termino de secar mi cabello André entra para ver si he terminado. Me observa de pies a cabeza hasta que sus ojos se encuentran con los míos. Asiente con su cabeza, como si comprobase que todo está bien, así que me hace ir a sentarme a la cama. Ha traído consigo un pequeño botiquín con gasas, vendas y antibiótico en pomada.

Comienza a curar primero las heridas de los pies que aun sangran un poco. Puedo sentir como sus dedos se deslizan con suavidad por sobre las heridas untando pomada con bastante cuidado de no lastimarme más.

—André—susurro con un hilo de voz débil—. ¿Qué… estoy haciendo mal?

Él saca un esparadrapo y corta un trozo con los dientes para fijar bien el vendaje.

—¿Por qué lo preguntas?

—No lo sé.

Me siento ridículo y un completo tonto, pero es la verdad. Le estoy preguntando algo que no tiene motivo alguno de ser. No tengo una razón específica para preguntárselo… o tal vez sí. Tal vez sea esa sensación que tengo dentro de pasar algo por alto.

—Si no lo sabes tú… es posible que tampoco lo sepa yo—advierte, pasando ahora a curar las heridas de mis manos—. ¿Qué es lo que sientes exactamente?

—Dolor.

—¿Por las heridas?

Niego con mi cabeza y vuelvo a mirarlo a los ojos.

—Es… por Cori—musito con la voz quebradiza.

—No te confundas, Sasha—advierte él con ese mismo tono calmado—. Dolor es una cosa… tristeza es otra.

—Entonces ni siquiera sé lo que siento, André. Lo único que percibo es vacío—mascullo exhalante. André ha terminado de curar mi mano y se ha sentado a mi lado—. Un vacío lleno de rabia… que curiosamente sigue estando vacío.

—Una metáfora bastante difícil de interpretar—advierte con una pequeña sonrisa—.

—Tampoco yo la comprendo.

André pasa una mano por mi espalda y me da unas palmadas de aliento, frotando mis hombros. Me observa detenidamente por unos segundos hasta que finalmente nuestro silencio es interrumpido por Kathy que entra con una bandeja llena con comida. Un plato de cereal, unas tostadas francesas y jugo de naranja. Ella se sienta a mi otro costado, quedando ahora yo entre ambos. Ella me pasa una tostada y la cojo con cuidado, tratando de no manchar con miel los vendajes que André ha hecho con mucho cuidado.

Dulce. El dulce de la miel y el sabor a canela hace presencia en toda mi boca hasta que pasa por mi garganta que aun duele, sin embargo, es todo lo que puedo comer. Las náuseas me estrujan el estómago y a dos bocados tengo que dejarla.

—¿Seguro que no piensas comer más?—me pregunta Kathy con preocupación.

—Lo siento. No tengo mucha hambre.

—Desde ayer no has comido nada—señala André—. Deberías comer algo.

—Creo que beberé un yogurt—sugiero—. Voy por uno.

—Iré yo—se ofrece Kathy—. Tú quédate aquí, ya regreso.

Dicho esto, se va hacia la cocina en busca del yogurt, quedando con André solos nuevamente. Se ha puesto a recoger los envoltorios de las gasas del suelo, tal parece que va a retirarse también pues se dirige hacia la puerta.

—André—vuelvo a llamarlo antes de que se vaya—.

—¿Si?—inquiere, volteando desde la puerta.

—¿Por qué crees que siga sintiendo ese vacío?

—Porque realmente está vacío, Sasha—advierte sin vacilar.

Me quedo en silencio, aun sin comprender, pero él se apresura a continuar pues seguramente se ha percatado de que aún no logro entenderlo a la perfección.

—Ese espacio seguramente estuvo ahí siempre, y la rabia y la tristeza que sientes no son suficientes para que ese vacío se llene. La persona quien lo llenaba se fue Sasha.

—Necesito a Cori, André.

—Lo sé—musita con una sonrisa compasiva—. Todos los sabemos y por más que nos duela, deberemos de aceptar que él no va a regresar.

—Ese espacio… se quedará vacío—musito con desaire. Siento como poco a poco un ardor me inunda los ojos y como unos escalofríos recorren mi espalda.

—Aun tienes recuerdos Sasha. Buenos o malos, tristes o felices… todos y cada uno de tus recuerdos con Cori llenarán ese vacío poco a poco. No será nada tangible, ni tampoco los recuerdos de nadie nos regresarán a Cori, sin embargo esos recuerdos nadie podrá quitártelos. De esa manera nadie reemplazará a Cori.

Nos quedamos en silencio por un largo rato, yo mirándole a los ojos y el escrutando mi mirada con total seguridad, tratando de infundir en mi fuerzas que realmente necesito.

—Y ten encuentra también…—continua, haciendo una pequeña pausa por unos segundos—… que esa tristeza puedes compartirla con todos, al final, la carga será menor Sasha—me mira a los ojos por unos segundos y deja escapar un suspiro que provoca que sus hombros caigan un poco—. Puedo también equivocarme—advierte, bajando su mirada—es posible que el dolor también pueda ser tristeza. Solo es posible.

André sale de la habitación, cerrando tras si la puerta y todo es silencio nuevamente.

Paso a la ventana y me siento en su marco a observar como siempre suelo hacer, ese exterior tan llano y extenso que se pierde a lo lejos tras mi habitación. Ahora ya se ha tornado dorado y finalmente puedo decir que se ha preparado para recibir al invierno. Mañana será 31 de octubre, día de las brujas. No me emociona la verdad, aunque en años anteriores… ese día lo he estado esperando con emoción reprimida. En cambio hoy, la verdad es que no creo poder salir de mi casa.

Hace frío. Miro la hora en mi móvil y me doy cuenta que ya es algo tarde. Las once de la mañana. Pronto será hora de almuerzo y yo apenas estoy a punto de desayunar. Kathy ha vuelto con el yogurt que no he pensado dos veces en devorarlo. Extrañamente este llega a mi estómago sin problemas. Lo digiero con bastante facilidad y en menos de lo que creo me lo he bebido todo. Un enorme bote de yogurt de casi un litro.

Kathy por su parte se ha sentado frente a mí, a observar el exterior con calmada paciencia y silencio que me resulta acogedor. Su mirada perdida en esa basta llanura me hace pensar seriamente que ella, al igual que yo, se siente destrozada por dentro, cosa que solo me recuerda que tengo que hablar con Karla lo más antes posible, ella no debe de estar mejor que nosotros.

—Por ese camino—advierte Kathy señalando hacia la llanura—. Atravesando el bosque, vive Darien—me dice con una sonrisa.

—Así es. ¿Cómo… lo sabes?

—He salido a caminar algunas veces—me informa, encogiéndose de hombros—. Esta mañana he ido a verla.

—Yo tendría que ir a verla—le digo sin dejar de mirar la lejanía—. Tengo que contarle lo de Cori.

—No te preocupes, Sasha, eso ya lo he hecho yo. Asistirá al velatorio esta noche.

Bien. Al menos me he ahorrado eso y no tendré que caminar y lastimarme más las heridas de mis pies. Esta noche veré a Darien, tengo que hablar con ella de unas cuantas cosas… necesito que ella me responda cosas que no puedo responderme a mí mismo. A ella se le da bien eso.

—¿Crees poder ir así?—me pregunta Kathy un tanto preocupada—. Tus pies no parecen estar en condiciones.

—Ya no duelen ni sangran, podré ir, aunque pase sentado la mayor parte del tiempo.

Ella sonríe y resopla, todo sin dejar de mirar aun al exterior. A lo lejos, la montaña Longs Peak se alza imponente al azul cielo. En su punta, la nieve la pinta de blanco, y en su base, un extenso campo de pasto dorado. El viento vuelve a soplar, como siempre frío, revolviendo el cabello de Kathy y trayendo hasta mí su olor a frutas.

—Karla me contó lo que hiciste con tus manos Sasha.

—¿Ella lo sabe?

—Ella entró cuando ya no pudo escucharte más. Se preocupó y mientras parecía haber un caos en tu habitación ella se quedó sentada, apoyada en la puerta, llorando.

Algo en mi pecho se comprime y me dice que le debo unas disculpas a Karla. Kathy voltea a verme con una mirada preocupada.

—¿Fue a propósito?—me interroga Kathy finalmente, mirándome con fijeza a los ojos.

Me quedo en silencio por unos momentos, dudoso sobre si responderle. La respuesta a esa pregunta puede que le desagrade… y puede también que no me guste incluso a mí.

—Posiblemente—musito, desviando mi mirada hacia el exterior—.

Kathy no parece alarmada, ni tampoco molesta. La respuesta se la ha tomado con tanta calma que incluso me sorprende. Ella resopla, encogiendo sus rodillas y rodeándolas con sus brazos. Los dedos de sus pies rozan levemente los míos. La brisa, helada como se ha mantenido, vuelve a soplar provocándome escalofríos.

—¿Se siente bien, cierto?—me pregunta. Algo en mi rostro parece advertirle de mi sorpresa ante tal aseveración interrogativa y se apresura a explicarse—. Cortarte, y dejar que la sangre fluya. Ese dolor tan efímero que parece hacer desaparecer cualquier otra carga emocional. Sé cómo se siente.

Ella ha dado en el clavo. Ella sabe cómo me siento… ella sabe por qué lo hice.

—¿Tú… te lastimas?—le pregunto con dejo de sorpresa.

Kathy niega con su cabeza y vuelve su mirada hacia algún punto en la dorada llanura.

—No—me responde con calmada paciencia—. Lo hacía, ahora ya no lo hago.

—Pero… ¿Por qué?

Ella esboza una sonrisa de ironía y resopla.

—Posiblemente por las mismas razones que tú, Sasha. Los motivos son un tanto difíciles de entender.

Entonces, de la nada y sin mucho revuelo, mi atención se ve atraída de repente por Kathy. Siento que existe algo, en estos momentos, en este espacio y en esta conversación que necesita ser escuchado y ser comprendido. ¿Puedo hacerlo? ¿Puedo poner atención a lo que ella tenga para contarme? No sé si me encuentro en condiciones para hacerlo, pero presiento que si lo rechazo también perderé algo.

—¿Quieres… quieres contarme?

Ella vuelve a verme un tanto extrañada. Se sienta más derecha y con una voz bastante quieta me pregunta:

—¿Tú quieres escucharlo?

Sonrío. Una sonrisa que no es ni forzada ni fingida, sino una simple y sincera sonrisa.

—Por supuesto.

Ella aguarda en silencio por unos segundos como si sopesara lo que va a decirme. Suspira y finalmente habla.

—Cuando vivíamos en Nueva York… mi padre y mi madre… ellos no estaban bien.

—¿A qué te refieres?

—Mis padres tenían deudas Sasha, deudas muy grandes. Él desempleo de mi padre era un problema, y su mísera adicción al alcohol solo empeoraba las cosas. Y un día, de la nada… todo explotó. Mi padre golpeó a mi madre y queriéndome interponer, salí lastimada.

—Lo siento.

Kathy niega con su cabeza, coge mi mano y se dispone a hacer círculos con sus dedos en los míos.

—Mis padres se separaron por ello y bueno, mi madre tuvo que desvivirse por pagar las deudas que quedaron. Fueron tiempos difíciles. A veces no había que comer en todo el día. Una vez incluso casi nos echan del apartamento en donde nos quedábamos porque no habíamos pagado la renta. Mi madre lloraba todas las noches, supongo que la carga era demasiada y me sentía inútil al no poder hacer nada. La impotencia es un arma de doble filo, Sasha, y puede carcomerte por dentro. Un día, de la nada, no lo soporté más, no soporté ver a mi madre derrumbarse cada noche, no soporté el llegar a casa de la escuela y no tener que cenar, no soporté incluso tener que consolarme a mí misma y decirme que todo iba a estar bien. No tuve más deseos que descargar todo ese peso sobre algo y bueno, hice lo mismo que tú has hecho, destrozar todo lo que encontraba a mi camino, hasta que por accidente me hice una enorme cortada en mi brazo. Esa sensación de dolor que luego poco a poco cesa, llevándose consigo cualquier cosa que te agobia puede ser lo mejor que alguna vez pude sentir, sin embargo… siempre es dolor. Fue estúpido la verdad porque lo hice en varias ocasiones hasta que un día mi madre me descubrió tirada en el piso del baño casi inconsciente de tanta sangre que había perdido. No querrás saber lo demás que hizo mi madre para que dejara de una vez de hacer lo que hacía. Y la verdad es que me alegro de haberme detenido. La culpa después de hacer lo que hacía con mi cuerpo era incluso peor.

—Me recuerdas… a mí.

—Lo sé. Ha sido por eso que me preocupé por ti al ver esas manchas de sangre. Solo no vuelvas a hacerlo—me advierte con seriedad—. No quiero pasar por lo mismo… dos veces.

Sé a lo que ella se refiere. Al igual que ella, tampoco quiero pasar por esto. Esta sensación de que alguien se desvanece poco a poco me agobia. La presencia de Cori, el sonido de su voz, su mirada tan cautivadora y esa actitud tan despreocupada; siento que poco a poco se van, y no quiero dejarlas ir.

—Aun no sé si debería detenerme Kathy—musito sin detenerme a pensarlo—. De esta manera, solo así, puedo aferrarme a Cori. Solo así tendré la seguridad de que se quedará conmigo para siempre.

—No Sasha, de esa manera solo estas lacerando el dolor con más dolor. De esa manera solo conseguirás que el recuerdo de Cori se vuelva algo que quieras olvidar.

Esto solo me está llevando a un callejón sin salida. A un lugar en el que los sollozos comienzan a querer envolverme y las lágrimas desean aflorar con violencia, pero intento retenerlas todo lo que puedo, intento ser fuerte y dejar de llorar de una vez. Lastimosamente es una batalla que pierdo y me vengo abajo en un lapso de tiempo efímero.

Kathy también se encuentra en el mismo callejón sin salida y las lágrimas también la han vencido… somos débiles.

—Quiero que Cori regrese, Kathy—mascullo en un lastimero sollozo—. Quiero que vuelva con nosotros, quiero verlo nuevamente reír, quiero ver sus ojos verdes tan vivaces, lo necesito conmigo.

—Todos queremos eso, Sasha—solloza Kathy hundiendo su rostro entre sus manos—. Todos anhelamos que esto no sea más que un sueño.

Y ahora, sin poder contenernos, el llanto ha salido para envolvernos entre lamentos que penetran cada poro de nuestra conciencia hasta resquebrajarnos. Llevo mis manos a mi cara, escondiéndola entre mis lastimadas palmas. Puedo sentir como las lágrimas atraviesan el vendaje y llegan hasta mi piel haciendo arder mis heridas, puedo sentir como la humedad de mi llanto se escurre entre mis dedos y como ese molesto ardor en mi garganta se acentúa hasta desgarrar mi voz en una enronquecida exhalación.

El llanto de Kathy se entremezcla con el mío, perdiéndose entre las paredes de mi habitación y la inmensidad del exterior de mi casa, en esta basta llanura en la que su pasto, ligeramente alto y de color dorado, se mueve al ritmo del viento; lento, triste… un poco lamentable.

***

Despierto, y lo primero que se me viene a la cabeza no es más que un mareo desagradable que me obliga a cerrar los ojos nuevamente. Me quedo unos segundos recostado y una vez la sensación de malestar ha pasado me siento en el borde de la cama. Kathy ya hace un rato que se ha ido, el ultimo recuerdo que tengo es de hace unos momentos. Kathy, yo, llanto, y luego, nada más que nuestras manos enjugando unas lágrimas que han bajado por montones a través de nuestro rostro.

Antes de que Kathy saliera de mi habitación me dejó unas pastillas para que durmiera. Dijo que iba a necesitar energías para la noche.

Supongo que ella tenía razón. Esta noche nos quedaremos despiertos, lo más que podamos, dándole el mayor apoyo posible a los padres de Cori, un apoyo que todos necesitamos. La verdad que por Henry no me preocupo, ese desgraciado bastardo no lo quiero ver ni en pintura. Quien verdaderamente me preocupa es Cecilia, ella ha de estar destrozada en todo el amplio sentido de la palabra. Primero Emily, luego Cori… el corazón de esta mujer debe de haberse encogido hasta casi desaparecer. Su tristeza debe de superar en creces la mía.

Posiblemente haga mal en tratar de comparar quien está más devastado, si ella o yo; es más correcto decir que ambos sentimos el dolor en maneras y magnitudes diferentes.

Me doy cuenta que sin recordarlo muy bien, he bajado la ropa que estaba en mi cama al piso de manera ordenada para no desdoblarla nuevamente. ¿O ha sido Kathy? Miro la hora en mi reloj de mesa. Ya son las seis de la tarde. Pronto será hora de que me vaya para la casa de la señora Woller.

Salgo de mi cama un poco atontado por la pastilla para dormir y bajo a ver si todos ya se están preparando para irnos. Curiosamente llego hasta la sala sin encontrarme a nadie, paso a la cocina y tampoco hay nadie. Me asomo al patio y tampoco no logro ver a ninguno.

Seguramente todos se han ido ya.

Paso por la cocina nuevamente y en la mesa hay una nota de la que no me percaté antes. Es de Tránsito, y la nota está pegada sobre un pedazo de pie de manzana envuelto en papel plástico de cocina.

Que lo disfrutes cariño. Te estaremos esperando en casa de la señora Cecilia. Tus padres vendrán contigo.

Sin muchos ánimos me dispongo a comer. Esta cosa está realmente buena, Tránsito sabe cómo hacer que me sienta un poco mejor, y nada como su pie de manzana para lograrlo. Paso a la sala y decido comérmelo ahí, tal vez mirando la televisión logre distraer un poco la mente de tanto suceso.

En HBO están pasando la película de “Como si fuera la primera vez” Esa película en la que una chica pierde la memoria todos los días y alguien trata de hacerla de que se enamore cada día. Es una buena película, y en estos momentos perder la memoria no me vendría mal. Lastimosamente no tengo una piña a la mano ni una vaca que se me cruce para estrellarme en un aparatoso accidente y golpearme la cabeza y así padecer de amnesia. La vida es un tanto injusta a veces.

Alguien toca la puerta, y con cuidado me pongo de pie para no lastimar mis pies, pero antes de que pueda abrirla ya han arrojado un sobre de manila amarillo y pequeño por la ranura para el correo. Observo por el mirador de la puerta de quien se trata y puedo ver que era el cartero quien ya se está subiendo a su camión de la correspondencia y se marcha.

Levanto el sobre de manila y me dispongo a revisarlo.

“INSTITUTO DE MEDICINA GENETICA DE COLORADO” dice en la parte de enfrente, con enormes letras rojas y con un escudo de los estados unidos a marca de agua. Hay un emblema en la esquina superior izquierda con forma de una hélice de ADN en colores azules. En la esquina inferior derecha se encuentra el nombre del destinatario. Robín Zacarías Leader.

Es para mi padre. Un poco extraño que reciban correspondencia de su trabajo acá. Normalmente no suelen recibir ni tan siquiera correspondencia porque casi nunca pasan en casa. El sobre tiene un pequeño sello en color rojo que dice “Importante”. Me paso a la sala nuevamente y pongo el sobre en la mesa. Debería de ver de qué se trata, seguramente es algo que mi padre necesita con urgencia.

Como el último pedazo de pie y decido finalmente abrir el dichoso sobre. Le marcaré a papá y le diré de qué trata. Al final, estoy autorizado a abrir cualquier correspondencia que ellos reciban, por muy escasa que sea, o por muy importante y confidencial que parezca. Como paso la mayor parte del tiempo solo ellos me han dado ese permiso. Veamos de qué trata este sobre.

Lo abro con cuidado y dentro se encuentran dos papeletas impresas a colores. La primera no es más que un instructivo del instituto sobre cómo interpretar resultados de laboratorio sobre exámenes de ADN. Me parece un poco estúpido que les adjunten esta página, mis padres son genetistas y esto ya se lo han de saber incluso de memoria. Obvio la primera página y me paso inmediatamente a la segunda. Esta página no es más que una fecha en la parte superior, el logo de la institución y un pequeño párrafo escrito en negritas y justificado. Parece importante.

“El Instituto de Medicina Genética de Colorado.

Mediante la presente informa al interesado:

ROBIN ZACARIAS LEADER, solicitante de la prueba de paternidad de la implicada CAROL ISABELA DOVER, siendo hija biológica ante el estado, la nación y diferentes países del mundo de DARIEN ANNABELLA DOVER. Pudiendo comprobar la fidelidad de las pruebas de laboratorio designadas al proceso, basando el estudio del ADN en rigurosos métodos y leyes que amparan a la institución, se ha podido concluir la prueba de comparación de ADN entre el solicitante y la mencionada con anterioridad CAROL ISABELA DOVER de manera exitosa.

Dicho esto, se procede:

Nivel de coincidencia del ADN: 99.99%

Por tanto:

ROBIN ZACARÍAS LEADER, es padre BIOLOGICO de CAROL ISABELA DOVER.

Sin más que agregar, se establece entonces que ROBIN ZACARIAS LEADER y DARIEN ANNABELLA DOVER son los padres biológicos de la implicada CAROL ISABELA DOVER”

Al llegar al final de la nota mis manos tiemblan y siento como un escalofrío sube por mi espalda dejando un dolor punzante en mi nuca. Mi rostro hormiguea y la respiración me falta. Siento el estómago hecho un nudo, en mi pecho una opresión angustiante y las náuseas regresan provocándome arcadas momentáneamente.

Carol… ella… ¡Carajo! ¡¿Carol es mi hermana?!

¡Tengo una hermana!

Esto no puede estar pasando. Esto tiene que ser mentira… un error.

Cuando mis pensamientos están más aturdidos y mi conciencia más débil entonces el recuerdo fugaz de mis padres me viene a la mente. Han estado extraños desde que vinieron. Incluso en el hospital; aquí en la casa. Será que…

Mis pensamientos son interrumpidos por gritos y exasperaciones elevadas en tono de voz y palabras bajando por las escaleras. Mis sospechas comienzan a comprobarse.

—¿¡A caso crees que soy estúpida, Robín!?—grita mi madre con un tono de muy disgustado. Su voz se escucha quebradiza… ella está llorando —. ¿¡Es que acaso no lo miras!?

—¡Lo sé, Victoria! ¡Ya lo sé!—le ladra mi padre—. ¡No necesitas restregármelo en la cara! ¡Cometí un error!

Ella se para al pie de las escaleras, mirando a mi padre. Su cuerpo tiembla y su rostro está rojo. Aun no se han percatado de mi presencia. Mi padre ha terminado de bajar en la totalidad de las escaleras y ahora ambos discuten en la entrada.

—Es que no puedo creerlo—masculla ella rompiendo en llanto—. No de ti.

—Me equivoque, yo…—él intenta abrazarla pero mi madre lo rechaza.

—No me toques.

—Victoria, por favor…

—¡Aléjate!—le grita mi madre levantando sus manos—. ¡Eres un bastardo! ¡Esto se acabó Robín!

Mi padre apuña sus manos y las alza al aire y cuando creo que está a punto de golpear a mi madre, me muevo tan rápido como puedo para interponerme. Ellos se quedan atónitos, sin saber qué hacer ante mi eventual aparición entre su pelea. Mi padre solo ha dejado caer sus manos a sus costados. Su intención no era golpear a mi madre, sino mostrar su frustración… esto tiene que ser grave.

Mi madre se sienta en las escaleras y se hecha a llorar, desahogando en un llanto incontenible toda su rabia. Mi padre intenta acercarse pero ella sigue rechazándole, y yo, bueno, yo me he quedado como estúpido parado mirándolos. ¿Qué debería de hacer? ¿Qué está sucediendo exactamente? ¿Qué significa esto?

Cuando pienso que estas preguntas se quedarán sin respuesta, la voz de mi madre se deja escuchar como un susurro entre sus sollozos, respondiendo a mis inquietudes.

—Esto se acabó Robín—musita sollozando, con su rostro escondido entre sus manos—. Vamos… vamos a divorciarnos.

Continuará.

Ending:

Próximo Capítulo: Domingo 27 de Enero de 2013

Autor: Luis F. López Silva

Todos los derechos reservados ©

Nota:

¡Ya pueden encontrar “Sasha: Diario de un chico adolescente (Volumen I)” en Goodreads! ^^ Si desean, pueden pasarse por la pagina y puntuar la historia y dejar sus comentarios.

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13 ene. 2013

Capítulo 34: Promesas.

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Hola, hola queridos lectores. Espero estén pasando un excelente día. Bueno, pues como podrán notar, los capítulos de Sasha se han reanudado. Gracias por su espera, gracias por su paciencia, gracias por su apoyo y sobre todo gracias por seguir conmigo en esta historia. Que disfruten el capitulo de hoy y que su imaginación haga posible la mejor experiencia de esta lectura.

sunset

La ventana está abierta, las cortinas ondean entre el viento que entra y mi habitación está totalmente fría. No me importa. Mis ojos escuecen, mi cuerpo está helado y mi garganta duele, sin embargo… sigue sin importarme. Son cerca de las dos treinta de la madrugada y sigo aquí, inmóvil y en silencio desde hace unos diez minutos cuando las lágrimas dejaron de salir y cuando mi garganta colapsó y no pudo emitir ningún quejido de llanto por más que lo intentase. En mi interior, aun así, no sé si simplemente lloro o me suicido. ¿Qué hago aquí mirando la inmensa oscuridad de la madrugada que se deja ver por el hueco de mi ventana? ¿Por qué no duermo? ¿Por qué no estoy soñando? ¿Por qué me siento tan vacío? Darme la respuesta duele. Responderme esas preguntas provoca que mi pecho se estruje y duela, hace que el aire me falte y que ese incesante deseo de querer destrozar todo lo que me rodea aflore con facilidad. Sin embargo ya no tengo nada que destrozar. Mi habitación es un desastre de gavetas tiradas, ropa hecha tiras, cristales de mi espejo hechos añico, mi cama está hecha girones, la lámpara de mesa está destrozada y tirada cerca de la puerta y los portarretratos que tenía colgados en la pared yacen rotos y desparramados por todo el suelo. Y yo, yo tengo varias cortadas en las palmas de mis manos y mis pies que hace un rato dejaron de sangrar, cortadas que por accidente o propósito me hice mientras descargaba mi rabia, mi frustración y mi dolor en un espacio en donde no cabía. Sin embargo sé que este dolor no pasará, no se ira, jamás cesará y se quedará ahí, todo porque Cori… ya no está.

Mis padres siguen en el hospital. Kathy, André, Karla y yo hemos regresado en un silencio sofocante y tenso. No sé en qué momento comencé a llorar exactamente. Lo único que recuerdo es que una vez la oscuridad de mi habitación me envolvió, todo fue un tornado de ira desplegándose por doquier, destrozando todo lo que encontraba a mí alcance. Ahora no estoy seguro si podría continuar… o si simplemente detenerme a seguir pudriéndome en rabia internamente como lo hago ahora.

Los chicos están abajo, en la cocina, con Tránsito. Mientras, yo no he tenido el valor suficiente de bajar. Si lo hago siento que mirarlos, ver la mirada compasiva de Tránsito, mirar a Karla, solo logrará hacerme venir abajo. Incluso pensar me hace daño.

Creo que debería de dormir. El cansancio comienza a hacerme efecto pero lucho contra él por quedarme despierto. Lucho por puro egoísmo y rabia, lucho por seguirme sintiendo de esta manera y evitar que el descansar me quite los deseos de morir que tengo. La sensación me desagrada… pero quiero mantenerla conmigo lo más que pueda. Siento que así mantengo a Cori más tiempo conmigo, siento que así retendré sin detenerme esa sensación que tengo de necesitarlo, ahora más que nunca; sin embargo… ya no puedo, no lo estoy logrando, voy perdiendo…

Duermo.

***

La alarma en mi teléfono móvil suena. He olvidado apagarla y me despierta justo a las cinco de la madrugada. He dormido aproximadamente tres horas. Los ojos me arden y el cuerpo me duele por la mala postura en la que he dormido—sentado y recostado en el borde de la pared, mirando por la ventana—. Parpadeo un par de veces ajustando mi vista a la tenue luz del crepúsculo que asoma por la ventana que ahora yace cerrada. ¿Quién lo ha hecho?

Siento un peso recostado contra mi hombro derecho. Karla está aquí. No sentí a qué horas llegó ni en qué momento se sentó a mi lado, pero parece estar dormida. Sostiene mi mano. No, más bien mi mano envuelve la suya, cosa que seguramente he hecho en mi inconciencia adormitada. Unas nauseas horribles suben hasta mi garganta y el estómago se me estruja en un ardor agudo. Necesito salir de aquí.

Con mucho cuidado levanto a Karla y la recuesto sobre mi cama. La cubro con una frazada y la dejo ahí descansando. Cojo uno de los suéteres que están regados entre el desorden de destrozos que he hecho, me pongo unos zapatos y salgo sin hacer mucho ruido por la ventana de mi habitación. Unos segundos después ya estoy abajo, en el patio. Antes de salir a la calle me aseguro que nadie pueda verme, pero para mi sorpresa, incluso Tránsito que suele estar despierta a esta hora afuera sacando la basura no está aquí. Me digno entonces a salir a la calle y sin saber qué más hacer ni a donde ir… comienzo a correr. Voy en dirección del instituto pero no tengo un lugar fijo al cual llegar, simplemente corro y nada más. El aire frío de la mañana inunda mis pulmones haciéndolos arder y los músculos de mis piernas se tensan y relajan con cada paso.

Paso la casa de Karla que en su pórtico mantiene durante la noche y la madrugada una pequeña luz encendida de una lámpara. No hay nadie, como me lo supuse. Los padres de Karla han de estar también en el hospital con mis padres y los padres de Cori.

Unos minutos después, pasando un buen tramo de bosque, está la casa de Cori. Sin embargo, no hay nadie. No me detengo a pensarlo, así que intento pasar lo más rápido que puedo. Cada cosa que veo, cada cosa que pienso, cada cosa que siento… todo me recuerda a Cori, a su sonrisa, a su mirada, a sus palabras… a él. Pero incluso antes de querer evadir todo esto y evitarme más dolor parece ser que esta cruel realidad tiene la obligación de hacerme ver y sentir aquello que intento olvidar. La muerte de Cori. Su ausencia. Mi dolor.

El suéter que traigo puesto no es mío. Es el suéter de Cori, el mismo suéter que una vez le regalé para su cumpleaños, el mismo suéter que varias veces en la tienda dijo gustarle y por el cual no pensé dos veces en hacerle de regalo para este último cumpleaños. Es el mismo suéter que el día anterior Cori había dejado en mi casa por olvido… y que aun huele a Cori.

Ya he pasado incluso la calle que lleva a la casa de Jennel y Nixon, he pasado el instituto y me encuentro justo ahora haciendo un pequeño descanso en el puente que por debajo de él pasa un riachuelo con parsimonia inamovible. Sin embargo, ese recuerdo persiste, el recuerdo de ese día ronda por mi cabeza y no quiere irse para dejarme morir en mis adentros. Simplemente permanece ahí.

Este recuerdo… sigue aquí:

***

Es 14 de Octubre, dos días después del cumpleaños de Cori y voy a su casa, cargando en mis manos una pequeña bolsa de cumpleaños y en la otra un libro. Es prácticamente su regalo con dos días de retraso.

Toco la puerta y espero paciente unos minutos, pero nadie abre. Vuelvo a tocar y nuevamente espero a que alguien salga a la puerta, pero tampoco hay respuesta. Me asomo por la ventana a ver si alguien se encuentra en casa, pero no percibo movimiento en su interior, así que como siempre es costumbre, se me ocurre en subir a la habitación de Cori de la misma manera en la que salgo yo por la ventana de mi habitación; utilizando el tejado.

Tras la casa de Cori hay una valla que él construyo porque su madre necesitaba algo en que se pudiesen sostener unas enredaderas que para el verano se tupen de flores purpuras. Gracias a esa valla desde entonces fue posible entrar al cuarto de Cori por la ventana de su habitación que está en el segundo piso.

He metido el libro en una de las bolsas traseras de mi pantalón y cojo la bolsa con la boca. Una vez me aseguro de tener las manos libres, me dispongo a subir por la valla de madera. Tengo que tener el cuidado de no pisar los tallos de las plantas de la señora Woller, pero teniéndole cuidado a las plantas me he deslizado y casi me caigo. Gracias al cielo pude subir mi trasero hasta el tejado intacto.

El techo de la casa de Cori es bastante amplio, de color azul pálido y un tanto áspero, pero gracias a esto último dar un paso aquí arriba es bastante seguro sin peligro a deslizarse.

Finalmente llego a la habitación de Cori. La ventana de su cuarto es de deslizar hacia un costado, y como es costumbre de Cori dejarla sin seguro, pude entrar con facilidad sin hacer mucho ruido. Coloco la bolsa de regalo y el libro sobre una pequeña mesa a mi derecha.

El dormitorio de Cori es amplio. Su cama está a un costado de la ventana, pegada a la pared en una esquina. Frente a la ventana hay un gran escritorio y al lado del escritorio una gigantesca, pero súper mega enorme librera llena de libros—valga la redundancia—. Por ahí están los libros de Harry Potter, en una esquina los de Crepúsculo, en el centro, en la segunda repisa, está Oscuros, a la par está la saga Mariposas y Libélulas, y seguido de este se encuentran varios de Paulo Coelho. En fin, pudiera seguir mencionándoles títulos y nunca terminaría. Este chico es un come libros. Deberían de verlo utilizando sus lentes para leer, se mira… tierno. En fin, en las paredes hay más repisas clavadas cargando muchos más libros. En el armario, hay más libros. En el escritorio hay otro poco de libros. Debajo de la cama hay cajas llenas de más libros. Y sobre la cama… está Cori desnudo durmiendo, cubierto ligeramente por una sábana blanca y delgada… con un libro sobre su pecho que yace abierto. Seguramente ha estado leyendo ¿¡Qué!? ¡Carajo! ¿Qué hace Cori desnudo? Bueno, es su casa, y está en su habitación, y tiene el cabello mojado. Seguramente ha tomado un baño y se ha quedado dormido. ¿A quién no le gusta estar desnudo? Bueno, en el caso de Cori, su gusto por la desnudes es un poco más elevado.

Me acerco a observar más detenidamente. Esto se amerita una fotografía. He perdido hace unos días una apuesta con Kathy y le prometí que le enseñaría a Cori desnudo… o bueno, lo que pudiera mostrarle de su desnudes. Y considerando que Cori está dormido, y al menos tiene tapada su cosa puntiaguda con la sábana, supongo que será suficiente para pagarle a Kathy lo que le debo.

Click.

Bien. He tomado la fotografía. Me hubiese traído a Karla, seguramente ella le hubiese hecho una mejor en tonos blancos y negros.

Mmmm—Cori gime.

¡Carajo! Va a despertarse. Él se mueve un poco y se reacomoda. Y sorpresa, no estaba del todo desnudo. Tenía puesto su bóxer. Bien, al menos es algo; no es que me guste pasar viendo a Cori desnudo. Me pregunto qué pensará Cori cuando me ve desnudo. Sacudo mi cabeza y alejo mis estúpidas ideas. Mejor prefiero no saber la respuesta a esa pregunta.

Cori parece tan tranquilo cuando duerme. Los moretones en su cuerpo comienzan a desaparecer de a poco. Ahora solo tiene dos moretes, uno pequeño en su antebrazo y otro en su nuca. Seguramente la quimioterapia está funcionando, y hasta el momento, su cabello sigue intacto. Pero como Casey me advirtió, aun no puedo decir certeramente lo que va a suceder, simplemente me queda tener esperanzas.

Cori se está moviendo. Seguido de esto, un estallido vociferado inunda la habitación.

—¡Sasha!—grita. Se levanta de un solo golpe bastante agitado, asustándome y provocando que me caiga hacia atrás.

—¿¡Que!? ¿¡Qué pasa!?—inquiero asustado.

Me observa por unos segundos, pasmado y un poco desconcertado mientras estoy sentado en el suelo. La respiración de Cori es agitada, y bueno, la mía ahora también lo está por esa reacción tan extraña que ha tenido.

—¡Sasha!—vuelve a decirme, pero esta vez no es gritado, parece más bien sorprendido—.

—¿Qué?—mascullo enarcando una ceja.

—¡Estas aquí!

Abro la boca, a punto de decir algo, pero rápidamente me veo cortado por Cori que se levanta apresurado de la cama. Me levanta de un solo tirón del piso y me abraza con fuerza. Puedo sentir el cuerpo de Cori, su piel, su olor, todo impregnándose en mí con bastante calidez y sin reparos. Su respiración aún sigue agitada, pero a medida transcurren los segundos, sin dejar de abrazarme, se va normalizando.

—¿Su… sucede algo?—pregunto un tanto desconcertado.

—¡Eres un pedazo de idiota!—me dice abrazándome más fuerte.

Hundo mi rostro en el pecho de Cori y puedo sentir más cercanamente su olor tan familiar. Me resulta… agradable. El silencio se nos pega por unos segundos y nos quedamos así, parados en medio de su habitación en una calma bastante acogedora.

—¿Cori?—pregunto casi en un susurro.

Puedo sentir su corazón latir en mi oído. Es un rito bastante suave y reconfortante. Cori respira, y su pecho sube y baja con lentitud. Me sonrojo. Mi cara se pone tibia y los deseos de abrazarlo me invaden. Levanto mis manos poco a poco para envolverlo pero justo cuando voy a posarlas sobre su espalda él se separa y me mira fijamente.

—¡Maldición, deja de darme esos sustos!—masculla un tanto enfadado.

—¿Perdón?

—Tú, en mis sueños—me dice tomándome por los hombros. Su mirada fija en la mía, con su ceño ligeramente fruncido me provoca un tanto de gracia, pero contengo la risa—. Estaba contigo comiéndome un helado, cuando ¡Zas! Aparece Charlé.

—¿La enfermera del instituto?

—¡Si, ella!

—¿Y?

—Te la follabas a media heladería.

Guardo por unos segundos un pasmado silencio; sonrío estúpidamente y luego suelto una carcajada por esto. Rio tanto que incluso tengo que sentarme en una silla porque me duele el estómago y la espalda de tanto hacerlo. Vuelvo a ver a Cori pero el parece bastante molesto respecto a esto. Es… gracioso.

—¿Qué te hace tanta gracia?—me pregunta cruzándose de brazos.

—Bueno, tu ocurrencia—le digo secándome las lágrimas de tanto reír.

—Pues a mí no me parece gracioso.

—Vamos Cori. ¿Yo tirándome a Charlé a media cafetería? Deberías incluso estar exaltado por otros motivos. Fue como ver una película porno en tus sueños ¿O no?

—No—manifiesta el resoplando—.No fue nada bonito ver una película porno donde actúas tú con alguien más.

—No sé si acabas de decir que soy un mal actor porno o que quieres que me quede virgen—resoplo con desdén.

—Ese no es el punto—masculla levantando los brazos—. Antes de que comenzaras… antes de eso…

—¿Qué?

—Me decías que ya no me querías. Que preferías a alguien más y que ya no me querías ver…y… y…

Me pongo de pie y pellizco las mejillas de Cori, halándolas hacia los lados. El aún mantiene su ceño fruncido y no parece hacerle gracia lo que estoy haciendo.

Pongo mi frente contra la suya, quedando nuestros rostros muy cerca. Le sonrío, él se sonroja, pero mantiene su ceño aun fruncido. Sus ojos verdes me llenan de paz como siempre suelen hacerlo y ese notorio desconcierto en Cori por lo que estoy haciendo me agrada. Sin pensarlo dos veces lo beso con lentitud. Mis labios contra los suyos unidos en un beso delicado y suave. Puedo sentir la respiración de Cori, puedo sentir la humedad de sus labios, puedo sentir la calidez de sus besos, y entonces noto como su gesto se suaviza y veo que poco a poco se tranquiliza.

—No tienes de que preocuparte Cori—le susurro—. No voy a abandonarte. No voy a dejar de amarte… no sucederá.

Cori sonríe. Esa sonrisa tan perfecta que me aturde en el buen sentido y que me provoca un cosquilleo en la punta de los dedos. Él toma con sus manos mi rostro y es ahora es él quien me besa sin pensarlo. Indiscutiblemente los besos de Cori son una de las cosas más valiosas que tengo… y además, los besos de Cori siguen sabiendo a guimauve.

—¿Me lo prometes?—me pregunta mirándome fijamente. El gesto en su rostro denota tanta seguridad que parece incluso egoísta, queriendo algo… solo para él.

—Te lo prometo—Cori vuelve a sonreír. Él siempre sonríe… y yo soy feliz cuando él sonríe—. Ahora… ¿Podrías ponerte un poco de ropa?

—¿Ropa? Ya llevo puesta mi ropa.

—Un bóxer no te cubre todo el cuerpo.

—Bien, bien, me pondré algo.

Cori se dirige al armario y saca de él un holgado pants gris, se lo pone, y bueno, ahora solo anda sin camisa. Algo es algo. Como era de esperarse, cualquier cosa que Cori se ponga lo hace ver bien, todo gracias a su bien cuidado cuerpo y a su apuesto rostro. Siempre he pensado que Cori podría trabajar de modelo, pero él dice que no es lo suficientemente lindo para ser uno. Karla por su parte dice que ambos podríamos trabajar para una revista de modelaje masculino, pero es entonces cuando yo digo que no soy lo suficientemente apuesto para poder ser uno de esos chicos de buen parecer que aparecen en las revistas de moda.

—Por cierto, ¿Dónde están tus padres?—pregunto, levantándome a ver en la estantería cuáles han sido las más recientes adquisiciones de Cori en cuanto a libros se refiere. Siempre que vengo me llevo uno conmigo.

Cori saca de una gaveta un par de barras de cereal, se hecha sobre un sillón de relleno de color rojo y me pasa una de las barritas.

—Han salido—me dice dándole un mordisco a su barrad de cereal—. No supe para dónde pero cuando desperté me encontré una nota de “Regresamos hasta tarde, hay comida en el refrigerador”

—Lindo—le digo con tono de sarcasmo.

—Es arroz cantones, así que no es tan malo.

—Por cierto, te he traído algo.

—¿Crepas?

—No

—Aguafiestas—refunfuña.

Cojo de la mesa la bolsa de regalo y el libro y los escondo tras mi espalda. Espero que Cori no se moleste porque me atrasé con su regalo y espero también y este suéter le siga gustando aún.

—Primero que nada, Feliz Cumpleaños Cori Summer Woller. Ya tienes 18 años de edad y oficialmente eres un pedófilo que sale con un chico de 17 años llamado Sasha—Cori ríe, pero me deja continuar—. De hoy en adelante también cualquier infracción grave a la ley implicará que serás referido no a un reformatorio para menores, sino a una cárcel del estado.

—Genial—dice el con un tono irónico que ambos se nos antoja gracioso—. ¿Y dígame, señor Leader, ¿Qué se siente estar enamorado de un chico mayor que usted?

—Me siento como un niño explotado por un adulto pedófilo e insensato—le digo entre risas—. Pero ya dejemos de lado tu pedofilia y regresemos a lo importante. Ten—advierto, pasándole el libro que traía conmigo—. No sé si te gustará y tampoco sé si ya lo has leído.

Cori coge el libro y lo revisa. Echa un vistazo rápido en su interior y luego lee su sinopsis. El libro tiene por título Ana de la escritora Lechuga O’Lapin. La verdad es que tenía serias dudas sobre el libro, pero su crítica me pareció muy buena, a parte, el seudónimo de la autora me recordó a una ensalada.

—Linda portada, buena sinopsis… esta cosa me encantará—me dice Cori sonriendo—.

—Genial. Bien, y continuando. El día de hoy he ido a la ciudad a comprar unas cuantas cosas y pasé por una tienda en específico que vende ropa muy a la moda. Y bueno, aquí tu segundo regalo de cumpleaños—le digo, pasándole la bolsa de regalo—. Espero y te quede.

Él toma la bolsa de regalo entre sus manos y la observa con bastante detenimiento. Pareciera que su curiosidad puede más que su emoción.

—¿Puedo abrirlo ya?

—No, si quieres esperamos que el señor Donovan venga y lo abra—mascullo con un sarcasmo bastante marcado.

—¡Claro! Y le decimos a Charlé que nos acompañe. Tal vez te la quieras follar a mitad de mi habitación también—contraataca él con otra tonta ocurrencia que no logra más que hacernos reír.

Cori sin esperar más despedaza la bolsa como si dentro fuese a encontrar oro o algún manojo de billetes, pero su impresión cuando se topa con el suéter que quería supera en creces a cualquier otra cosa. Lo mira de arriba abajo, de un lado y de otro, y todo con una enorme sonrisa y sus ojos bien abiertos. Esto es incluso gracioso.

—¡El suéter gris con rayas magenta!—exclama con emoción—. Pero… pero… ¿Cómo es que tú…? ¡Ven acá desgraciado!—me dice halándome de la mano desprevenidamente. Sin darme tiempo para poder pensar en lo que va a hacer, Cori me atrae contra sí, sentándome en el sillón de relleno, entre sus piernas extendidas a los costados. Al final quedo mirando hacia la ventana, y Cori queda detrás de mí, envolviéndome entre sus brazos, ambos sentados en el sillón—. Te amo, tontito. Gracias por el suéter, no tienes idea de cuanto lo quería.

Estar en esta posición es algo tan común pero nunca me ha dejado de parecer incomoda. Es solo que… me avergüenza un poco, aunque debo decir que estando solo con Cori, sin la inminente sensación de que alguien nos observa, la escena se torna acogedora. Cori se recuesta un poco más y sin dejar de abrazarme, me atrae hacia atrás, quedando ahora yo totalmente recostado con mi espalda en su pecho que sube y baja por cada vez que respira.

Nos quedamos en silencio por un largo rato. Cori acomoda su cabeza en mi hombro y ahora nuestros rostros quedan uno a la par del otro, con nuestras mejillas tocándose, cogidos de la mano fuertemente con nuestros dedos entrelazados. Cori ha pasado sus brazos por debajo de los míos, agarrándome firmemente por el abdomen y abrazándome con bastante seguridad pero sutileza. No puedo evitar sentir la cara tibia por todo esto, seguramente ya me habré sonrojado y Cori lo habrá notado porque sonríe. La vista por la ventana solo nos deja entre ver varios árboles pintados en colores naranjas y amarillos que se alzan hacia un cielo inalcanzable. La brisa que entra es fresca, el aire huele a vainilla y bueno, también siento cerca ese agradable aroma de la piel de Cori.

Y pensar que hace unos meses esto nunca hubiese pasado. Y pensar que entré tantas veces a esta habitación a jugar video juegos, a leer, a hablar con Cori, a que él me escuchara, a jugar cartas, a tontear en su ordenador y a ser simplemente chicos. Pero ahora, ahora todo es distinto, y curiosamente no me desagrada que lo sea. Es más, me siento cómodo tal y como estamos ahora. Antes de igual manera me sentía así, bastante libre de poder hacer con Cori lo que siempre solíamos hacer, y es seguramente por eso que ahora no se me hace extraño hacer esto, porque lo único que sucedió fue que a nuestro diario vivir se incorporó un amor incondicional que necesita ser demostrado, que necesito demostrarle a Cori, que Cori me demuestra sin pensarlo y que ambos nos demostramos sin tan siquiera premeditarlo. Mas antes estaba ese amor, pero de manera distinta. Era un amor que aparte de inocente era sincero y sin recelar absolutamente nada. Y hasta hace poco lo fue de esa manera, sin embargo eso evolucionó, porque si bien antes le demostraba que lo quería como un hermano, como alguien por quien daría mi vida y a quien defendería a capa y espada, ahora a eso le sumo el hecho de decirle que con él podría pasar mi vida entera.

Es un poco difícil describirlo. Creces, y una vez pasas tu etapa de la niñez hacia una cruda realidad llamada adolescencia el significado de las cosas cambia. Antes esos abrazos sin inhibiciones ni pensamientos de por medio que se daban, ahora esos abrazos tienen un significado diferente a menos que los limites sean más que visibles. En la adolescencia puede suceder que tu amiga de la infancia comience a gustarte de manera diferente, y te atraiga en sentidos que jamás antes habías imaginado. Antes esos pequeños detalles que obviabas ahora los observas con más detenimiento y dependiendo de cómo te hagan sentir, esos detalles se pueden volver especiales o tal vez, si no significan nada, se vuelvan innecesarios. Ser adolescente incluso significa limitarte a muchas cosas. Decirle a una chica o a un chico que le quieres puede generar un doble sentido que tú nunca pretendiste establecer. No sucede con todos claro, puedo observar el caso de Cori, Karla y yo. Decirles cuanto les quiero no lleva nada de por medio. Es simplemente una demostración de lo que siento por ellos. Y bueno, ahora con la situación de Cori incluso los diferentes te quierotienen distintos significados, sin embargo él los comprende y yo comprendo los de él, así como ambos comprendemos los de Karla y Karla comprende los nuestros. A veces un “te quiero” que le dedique a Karla o a Cori puede significar estaré ahí cuando me necesites oeres parte importante de mi vida. Un te quiero para Cori puede significar confío en ti, eres como un hermano, puedes confiar en mí pero también, según sea el caso y el tono—cosa que Cori logra interpretar a la perfección—ese “te quiero” puede significar un soy feliz contigo o incluso un te necesito. Y los te amo, bueno, esos son un caso aparte. Decirle a veces a Karla o a Cori que los amo es como decirles que son todo para mí, y lo son. Pero están aquellos te amo que le dedico a Cori y que él los identifica con tanta facilidad que significan mi vida es feliz porque tú estás conmigo.

Ya habrán podido notar entonces que la adolescencia es todo esto, y más por supuesto. Un conjunto de vivencias, emociones y palabras que tenemos que aprender a interpretar de la manera más minuciosa posible, para así poder tener lo mejor de cada cosa. Gracias al cielo que tengo a dos personas que están ahí para recibir esas palabras de afecto. Gracias a Dios que tengo a Cori y a Karla que me dan más afecto del que podría pedir.

—Oye, Sasha…—murmura Cori que aún no deja de abrazarme.

—¿Qué sucede?

—Te amo. ¿Sabes?

—Por supuesto que lo sé, Cori—musito con una sonrisa—. Yo también te amo.

El aguarda en silencio por unos segundos. Puedo sentir su corazón latir a un ritmo bastante agradable.

—Sasha—vuelve a musitar.

—¿Si?

—Voy a amarte para siempre, pase lo que pase.

—Sabes que yo voy a amarte suceda lo que suceda—le digo mientras aprieto más fuerte su mano.

—No—murmura en mí oído con una voz casi imperceptible. Algo aquí no está yendo bien. La voz de Cori… sus susurros son inconsistentes—. No puedes amarme para siempre, Sasha.

—Si tú puedes hacerlo, yo también podré Cori.

El separa su rostro del mío y se hace un tanto hacia atrás. Ahora estoy recostado en el abdomen de Cori, con él mirándome desde arriba y yo mirándolo desde abajo. Siempre en la misma posición, yo delante, y él atrás. Él coge mis manos y besa mis dedos con bastante delicadeza. Hay bastante silencio.

—Necesito que me prometas algo —musita, acercando su rostro. Cori me besa delicadamente. Un beso corto y sencillo—. Necesito que nos prometamos algo, Sasha.

Esto comienza a inquietarme. Esa sensación de que voy a salir dañado y de aflicción comienza a hacer cosquilleos en mi pecho. Debería detener esto. Debería.

—¿Qué sucede Cori? ¿Pasa algo malo?

Él niega con su cabeza, sin embargo, puedo notar en su mirada que algo lo está perturbando.

—Sasha…—Cori musita mi nombre con tono bastante suave. Hace una breve pausa y luego continúa—. …si algo llega a pasarme. Si algo me sucediese y ya no pudiese estar más aquí, tendrás que continuar.

—No entiendo. Continuar… ¿Sin ti? No va a sucederte nada Cori, si es por lo de la enfermedad ya verás que…

—Por favor, Sasha, prométemelo—me interrumpe, mirándome con cierto remordimiento. Sus ojos se han tornado vidriosos—. Si algo me sucede, si muero, prométeme que vas a continuar haciendo lo que más amas.

Otra vez esa pesadez tan desgarradora en mi estómago y esa opresión en el pecho que me sofoca. Sabía que algo iba a suceder, sabía que en algún punto de mi algo saldría lastimado, sabía incluso que Cori saldría lastimado. Los ojos comienzan a escocerme y el nudo en mi garganta se acentúa. Puedo notar como una pequeña y diminuta lagrima se escapa de Cori y cae sobre mi mejilla.

Está tibia.

Cori está en silencio. Yo estoy en silencio. Algo se desmorona dentro de mí y en un impulso desesperado porque Cori no note mi debilidad tapo mis ojos con mi mano y comienzo a llorar en silencio. Las lágrimas bajan por las comisuras de mis ojos, filtrándose entre mis dedos hasta llegar al abdomen de Cori. ¿Seguir sin Cori? No podría.

—Lo siento Cori, yo…

—¿Tú me amas, Sasha?—inquiere con voz firme.

Asiento con mi cabeza sin soltar ni una sola palabra. Mi voz se está resquebrajando y los sollozos no tardaran en aflorar de mi interior. ¿Por qué me estoy conteniendo? ¿Por qué no dejo salir esta sensación tan suicida de mi interior?

—Entonces prométemelo. Hazlo porque me amas—musita. Una pausa entre sus palabras solo aumenta la pesadez del ambiente—. Hazlo porque te amo.

Y son esas las palabras que logran romperme desde adentro hacia afuera. Las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos sin poder detenerlas y las contracciones de mi abdomen por unos sollozos que ya no puedo retener comienzan a hacer estragos en mi estado de ánimo.

—Prométeme que continuarás haciendo lo que más te gusta, que seguirás haciendo muchos amigos y conocerás a muchas personas. Prométeme que te esforzarás por graduarte del instituto sin problemas, que irás a la universidad, que te cuidaras de hacer tonterías y que no dejaras que nadie te lastime. Prométeme que cuidaras a Karla y que no dejarás que nada malo le suceda ni que nadie le haga daño…

Mi silencio se pierde entre mis sollozos y Cori espera una respuesta que me siento incapaz de darle. El me abraza con fuerza y me envuelve en su presencia. Cori espera que responda, pero darle una respuesta me hace sentir que solo voy a alejarme de él, pero no responderle me hace sentir peor, me hace sentir como un vil traidor que hecha por la borda el amor que le tengo.

Cori agacha su rostro, descubre mis ojos y besa mi frente. Me susurra al oído que me ama. Me dice que hace esto porque me quiere y porque no quiere que nada vaya a lastimarme. ¿Pero acaso prometer esto no nos va a lastimar a ambos?

—Sasha… vuelve a murmurarme—. Prométeme que si muero… prométeme que volverás a enamorarte.

***

La mañana sigue fría y el silencio, como un arma de doble filo, solo me envuelve y me hace divagar en mis recuerdos más dolorosos. El riachuelo fluye entre las piedras bajo el puente y su susurro se pierde a lo lejos.

Miro la hora en mi móvil. Las seis de la mañana. Debería de regresar. Karla… Karla se preocupará si no me encuentra y lo último que quiero es hacerla pasar otro mal rato.

Me pongo de pie, sacudo mi pantalón, pero justo antes de irme de acá, me quito el suéter y lo presiono fuertemente contra mi rostro. El olor a Cori me invade hasta lo más profundo, recordándome a él, a su sonrisa, a sus ojos, a su piel, a sus besos, a sus palabras y a su presencia. Incluso de esta manera momentáneamente él me ha dejado de parecer tan lejano. Pero la realidad me da una bofetada en el rostro y me recuerda que esto no va a solucionar nada y esa sensación de tristeza regresa como un trago amargo a mi paladar.

Necesito a Cori. Quiero que Cori vuelva. Quiero a Cori… conmigo, a mi lado… para siempre.

Quiero morir.

Comienzo a caminar lentamente de regreso a mi casa en silencio y cabizbajo. De la nada algo tibio baja por mi rostro y cae sobre el suéter que traigo entre mis brazos. Toco mi rostro y puedo sentir la humedad de las lágrimas que han regresado nuevamente. No puedo detenerlas. No puedo dejar de llorar, así que esas lágrimas afloran con total libertad, sin hacer mucho revuelo y en silencio. El llanto está ausente, pero estas lágrimas no lo necesitan. Simplemente quieren salir… simplemente me hacen regresar una y otra vez al recuerdo de Cori.

Paso el instituto y la calle que da a la casa de Nixon y Jennel. No me he encontrado a nadie en todo el camino y agradezco a Dios por ello. Quiero llorar en silencio sin que nadie me interrumpa, sin que nada me haga retener este dolor. Necesito que salga y que se vaya, pero también necesito que se quede y que me recuerde a Cori. Es una manera masoquista de aferrarme a él, a su amor, al amor que le tengo.

Camino todo el tramo del bosque hasta que a lo lejos logro divisar la casa de Cori. Veo el auto de la señora Woller y de Henry parqueado a la orilla de la calle y tras del auto está un pequeño camión blanco. ¿Qué está sucediendo?

A medida que me acerco alcanzo a notar que mis padres están con Cecilia y los padres de Karla hablando en la entrada de la casa. Ya han regresado del hospital. No quiero acercarme a ellos, no quiero que me miren con lastima ni que me susurren que todo estará bien cuando todos sabemos que no es así, pero cuando creo que sus palabras serán el detonante para terminar de desperdigar mi sanidad por los suelos algo asoma de atrás del camión blanco, y es entonces cuando me salgo de mis cabales e internamente me desvanezco.

Un ataúd. Un ataúd color marrón.

Cori…

Esto no está bien. Yo no estoy bien. Mi vida no está nada bien… sin embargo, en mi aturdida conciencia solo cruzan unas cortas palabras que sirven como un débil apoyo en momentos como este, una corta respuesta que le di a Cori entre lágrimas y besos.

Palabras que hasta ahora… siguen remordiéndome el alma.

Te lo prometo, Cori… te lo prometo.

Sábado 30 de Octubre de 2010

Incluso prometer por amor duele… también recordar hiere. Incluso hay ocasiones en los que recordar momentos felices es casi un suicidio, sin embargo somos incapaces de controlar esos recuerdos para que no afloren para destrozarnos.

Necesito a Cori. Lo necesito conmigo

Necesito que me susurre al oído que me ama… necesito decirle que lo amo…

Necesito morir…

Sasha.

Ending:

tercera firma frank

 

 

 

 

Próximo Capítulo: Domingo 20 de Enero de 2013

Autor: Luis F. López Silva

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